CUaNdO la LluViA eS CAsTiGo...
Eran lágrimas que al caer unísonas se dejaban confundir por las gotas de lluvia que acariciaban su rostro, como queriéndole acompañar en su dolor, al ver como aquel arroyo arrastraba, como si le perteneciera, todo aquello que un día suyo fue.
El cielo grisea más, y la lluvia, como enfurecida, caía sobre aquel brazo de mar que arrastraba miserias y exigía a los pequeños tejados de madera caer arrodillados para nadar sin rumbo con aquel arroyo.
Los ancianos eran trasladados a las moradas de concreto, mientras que los niños lloraban sin saber porqué les tocaba huir, y sus madres, ya inmunes al dolor, solo calman el llanto resignadas a haber perdido.
En una esquina, mojada y sola, lloraba una mujer, que solo culpaba a su marido a quien le había manifestado que a través de un sueño supo que perderían lo poco que tenían, pero éste no le creyó.
Llegan más hombrecitos vestidos con ropa color mamey, y se dispersan por las viviendas que permanecen de pie, para sacar a las personas y trasladarlas a un lugar seguro, mientras que la tierra mojada y blanda, traga sus pasos como impidiéndoles seguir.
Todos mojados, abandonan la llamada ´´Cañada del Diablo´´ y suben hasta la parte más alta del poblado, para evitar que sus cuerpos obedezcan a ese mar de aguas residuales que abraza sus viviendas.
Desde arriba se ve solo el lamento, y los llantos caían sobre aquel enfurecido arroyo que se adueñaba de todo, sin hacer contratos con los dueños, a quienes ha dejado sin nada y en la nada.
El cielo grisea más, y la lluvia, como enfurecida, caía sobre aquel brazo de mar que arrastraba miserias y exigía a los pequeños tejados de madera caer arrodillados para nadar sin rumbo con aquel arroyo.
Los ancianos eran trasladados a las moradas de concreto, mientras que los niños lloraban sin saber porqué les tocaba huir, y sus madres, ya inmunes al dolor, solo calman el llanto resignadas a haber perdido.
En una esquina, mojada y sola, lloraba una mujer, que solo culpaba a su marido a quien le había manifestado que a través de un sueño supo que perderían lo poco que tenían, pero éste no le creyó.
Llegan más hombrecitos vestidos con ropa color mamey, y se dispersan por las viviendas que permanecen de pie, para sacar a las personas y trasladarlas a un lugar seguro, mientras que la tierra mojada y blanda, traga sus pasos como impidiéndoles seguir.
Todos mojados, abandonan la llamada ´´Cañada del Diablo´´ y suben hasta la parte más alta del poblado, para evitar que sus cuerpos obedezcan a ese mar de aguas residuales que abraza sus viviendas.
Desde arriba se ve solo el lamento, y los llantos caían sobre aquel enfurecido arroyo que se adueñaba de todo, sin hacer contratos con los dueños, a quienes ha dejado sin nada y en la nada.
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