LOS TARANTINES


En las calles de Santiago se respira desde las últimas semanas del mes de noviembre el olor que caracteriza a la época navideña, pero no hay elemento que identifique más su llegada que la puesta, en diversos lugares, de los tarantines.

Una tradición que nos saluda cada año. En diversas esquinas de la ciudad se observan, cargados de ofertas, estos puestos improvisados denominados tarantines, donde no faltarán manzanas, uvas, golosinas, guineos y otras frutas.

Pese a la diversidad de lo ofrecido, el alto costo de los productos, en especial de las manzanas, las más adquiridas de la época, ahuyentan levemente a los compradores, pero aún así, la tradición es degustar una de ellas, cueste lo que cueste.

Vendedores de algunos puestos han manifestado que este año la venta ha reducido de forma considerable en comparación con el año anterior, pese a esto, auguran una mejoria en el negocio para lo que resta de este viejo año 2008, que casi se nos va.


Aunque algo en caro, pero hay de todo, entre pasas, coquitos, peras, manzanas, uvas, guineos y las siempre entrañables gomitas dulces, se enriquecen la vista los adquirientes.

Un componente negativo en este año y según afirman algunos vendedores es que hay poco circulante en las calles, esto restringe el comercio y además levanta quejas de la población.

Cabe resaltar que los tarantines, con todo y la carestía que han arrastrado sus productos, son un elemento esencial que gracias al permiso que otorga la sindicatura de este municipio, son apostados en las diferentes calles de esta ciudad corazón, dando un toque singular y revestido de color, olor y sabor navideño.


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