Puro y dócil


Lento.
El aire sopló y cantó lento. Adueñase su olor de mí... Sus manos, lentas, dibujaban en mí placer, me llenó dentro y suya fui. Rendida, entonces, a sus pies caí, y le ví, se entregó completo y simple, puro y dócil y en el gris que bañaba el cielo, ceñido quedó el brillo del sol, resplandeciente, claro, iluminó mi alcoba...

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